Marzo y la primavera.
Rebeca Millán.
Marzo toma su nombre del dios latino Mars o Marte, a quien los antiguos pobladores de Italia central dedicaban este mes del año, ya que Marte, además de ser el dios de la guerra, era un dios rústico que presidía la vegetación y a quien se pedía la protección de los campos y los labradores. También se le tenía como protector de los jóvenes que emigraban de la ciudad a trabajar en el campo; a esta costumbre la llamaban primavera sagrada.
En el campo, la primavera es el retorno de la vida, cuando el frío cede poco a poco y en los árboles aparecen los primeros brotes, la tierra despierta y todo se llena de colores, es la estación de mayor vigor y hermosura, aun los animales parecen estar contentos y, para el hombre, con el verde de los campos, renace la esperanza.
Podemos detenernos a mirar un paisaje de primavera y, a pesar de la depredación y la basura, puede ser hermoso y conmovedor. Podemos tratar de imaginar qué paisajes verían los hombres hace dos o tres siglos, cuando el campo era otro, cuando el aire y el agua eran limpios y los bosques abundantes. Paisajes maravillosos de los que nos hablan con su música grandes maestros sensibles a la naturaleza, como Joseph Haydn y Ludwig van Beethoven.
Joseph Haydn, compositor austriaco nacido en 1732 y muerto en 1809. Haydn inició sus estudios musicales desde muy pequeño, tal vez desde los seis años, y a esto se dedicó el resto de su vida. Era un hombre de buen carácter, amistoso y alegre, cualidades que nunca perdió a pesar de haberse casado con una mujer de carácter agrio y conflictivo, insensible a la música; feo asunto que Haydn remedió saliendo de su casa, pues siempre aceptó dar clases de música en cualquier lugar y durante el tiempo que fuera necesario. Así, pudo hacerse amigo entrañable de Mozart y ser tutor musical de Beethoven. Su obra se califica como producto de “un ingenio risueño y delicado, una gracia sutil y chispeante, un equilibrio melódico y una sensibilidad exquisita”.
De Hayden escucharemos: La sorpresa y El reloj
Ludwig van Beethoven, compositor alemán nacido en 1770 y muerto en 1827, fue uno de los más grandes genios de la historia de la música. Igual que Haydn, inició sus estudios musicales desde pequeño y ya a los trece años presentó una composición propia. A los 23 años conoce a Hayden, maestro precursor del género sinfónico que será perfeccionado por Beethoven. A los 26 años aparecen los primeros síntomas de la sordera, pena excesiva para un hombre consagrado a la música. En estas condiciones, el “genio de Bonn”, como se le conoce, escribe la mayor parte de su obra, en la que destacan sus las nueve sinfonías.
En las notas que dejó sobre su experiencia ante el infortunio de la sordera dice: “Qué mortificación cuando alguien, a mi lado, puede oír el sonido de una flauta a lo lejos, mientras yo nada oigo, o el cantar de un ovejero entre los campos y yo nada percibo”. Así también, en sus canciones expresa sentimientos que conmueven tanto como su música cuando escribe: “Oh Providencia, dame al menos un día de felicidad pura. Ha pasado tanto tiempo sin oír el eco de mi corazón. Oh cuándo, oh cuándo, Dios divino, volveré a sentir los sonidos de la naturaleza y de la humanidad. ¿Nunca? ¿Es acaso pedir demasiado?”
La sexta sinfonía, llamada La pastoral, compuesta en 1803, es la expresión más clara del músico que evoca los sonidos del campo y nos entrega diversas impresiones que el artista experimentaba en contacto con la naturaleza. La frustración por su sordera, llevó a Beethoven a enfrentar su temperamento hosco y a reconciliarse consigo mismo al escribir la poesía más bella plasmada en partituras. Como él mismo lo dijo: “Lo que escucho con mis ojos, lo verán con sus oídos”.
De Beethoven escucharemos, precisamente la 6ª. Sinfonía titulada La pastoral.
En esta selección musical también estará presente Antonio Vivaldi con su poema sinfónico La primavera
El Réquiem es una composición solemne escrita para las exequias y honras fúnebres. Músicos importantes, como Mozart, Fauré o Brahms, cuentan con un Réquiem en su obra. En ocasión de la Semana Santa, presente en los últimos días del mes de marzo y primeros de abril, escucharemos el Réquiem de Giuseppe Verdi, prolífico compositor italiano, hombre de teatro, amante de la obra de Shakespeare, Schiller y Víctor Hugo, como puede verse en sus óperas inspiradas en obras literarias de estos autores.
En cierta ocasión en que el rey Víctor Manuel quiso ennoblecerle, Verdi respondió que él sólo era un campesino y su aspiración era que le escuchara todo el pueblo porque para él componía. Sus contemporáneos decían de él que “era una fuerza de la naturaleza”, notoria en el vigor de sus composiciones como en este Réquiem bello y solemne, escrito en honor de su querido amigo el poeta Manzini.
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