De aquellas ausencias
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El vacío es importante porque existe, al mismo tiempo, la posibilidad de llenarlo.
Víctor Manuel Camacho.
Circula en internet un correo-cadena, uno de esos textos edulcorados, equivalentes a los carteles de florecitas y frases de encomio llamados pomposamente “mensajes de superación”. Este correo-cadena utiliza una premisa tomada de la física y con ella desarrolla un discurso enredado en torno al bien y el mal. No me tomaré la molestia de rebatirlo, pues como toda falsa premisa, es indemostrable; pero sí recuperaré su tema principal, la ausencia.
El frío no existe, lo que llamamos “frío” es ausencia de calor. El calor es una forma de energía y su aumento o disminución determinan que afirmemos que “hace frío” o “hace calor”.
De la misma manera, la oscuridad no existe. La iluminación es resultado de otra forma de energía –energía lumínica- y Newton demostró hace tiempo que la luz blanca está completa por siete colores, entre los cuales no se encuentra el negro. El color negro es la ausencia de color.
Ausencia proviene del latín absentĭa (por cierto, el nombre femenino Inés también significa ausencia). El diccionario dice que la ausencia es la falta de alguien o de algo en el lugar en el que debería o podría estar. También se le llama ausencia a la pérdida momentánea de la memoria o de la conciencia.
La ausencia es una condición necesaria en la diaria contradicción de la vida: para llenar un espacio debe haber una ausencia, aunque no siempre es fácil entenderlo: la existencia de personas comprometidas con el arte, con la justicia y con la razón es cada vez más necesaria en una sociedad como la nuestra, donde la ausencia de compromiso, de conciencia, nos mantiene en un estado constante de incertidumbre.
Carlos Montemayor fue un hombre comprometido con el arte, con la justicia y con la razón , es por eso que se resiente, se resentirá siempre, su reciente ausencia.
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