Revista cultural de la zona centro del Estado de México

Barón Ficción

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El Barón Ficción y ese asunto de la ausencia

Me gustas cuando callas porque estás como ausente…

Pablo Neruda.

Viendo entonces el hueco en mi sombrero, me sorprendí de su gran capacidad. Sucede que no podría usarlo si no estuviera hueco; lo sujeté a mi cabeza y bajé del Cobalto para dar una caminata. Al observar mi dirigible detenidamente llegué a la misma conclusión: de no ser por su espacio vacío no me sería funcional para tripularlo y vivirlo, así mismo no podría introducirle el gas y el poder mental que lo mantienen en el aire.

Pero entonces fui un poco más allá, mientras caminaba y llenaba de aire el espacio vacío de mis pulmones y pensé: pensé que el vacío no es lo mismo que la soledad, la soledad no es lo mismo que la ausencia; ausencia no es lo mismo que hueco y todo ello no es lo mismo que nada. Sin embargo todas éstas nos son necesarias. Y es que gracias a la ausencia de luz conocemos la oscuridad, pero eso no significa que todo lo que no vemos no se encuentre ahí; para algunos seres vivos la oscuridad es otra herramienta de caza, de tranquilidad.

La ausencia sirve a la música, pues ésta es un conjunto de sonidos y

silencios en armonía, silencio como ausencia de sonido. Metí las manos a los bolsillos de mi blazer y busqué entre su espacio vacío hasta encontrar un ejemplar de esta revista. ¡Y ahí fue donde sucedió la anagnórisis! Pues resulta que esta revista había nacido con nada y de una empresa que había salido de la nada, ambas sin material o con ausencia de éste, pero ahora había resultados tangibles.

-Mira pues- pensé: -qué aquí también está la ausencia y muestra su utilidad.

Recordé que hace unas cuatro, cinco o seis décadas, durante mi paso por Japón (¿Qué edad tendría yo? ¿dos o tres milenios, siglos más, siglos menos?) sus habitantes se enfrentaban a una creencia: un tal Thomas Malthus era el hombre cuyas ideas dominaban en la economía global, y él había explicado hacía más de un siglo antes el concepto de los recursos limitados; a resultas todo en este mundo habría de acabarse algún día. La economía,

como la conocemos, había nacido, pero eso a Japón lo tenía en problemas, pues para ellos no funcionaba esa economía, ya que, al carecer de recursos naturales, pues simplemente era como si ya estuviera en el final del modelo impuesto por Malthus. De

verlo así, estaban en un mundo donde ellos eran exageradamente pobres. Pero llegó la filosofía a salvarlos,

escucharon a los monjes decir: -Un jarrón no sirve por la porcelana del que está hecho: sirve por el hueco en éste.- y así, los habitantes de aquel hermoso, caluroso, dinámico y tranquilo país pusieron manos a la obra aplicando lo que hoy se conoce en el mundo como “El principio de abundancia”. Pues sí, es a partir de la ausencia donde nacen las cosas, y Japón empezó a crecer ofreciendo cosas que no existían en lo material, sino en lo intangible. Ofrecieron su cultura, su disciplina, sus servicios y pronto un universo de información empezó a correr de Japón para el resto del mundo.

Faltaba más, era precisamente la ausencia la que los alimentaba y en ella empezaron a gestarse

infinidad de cosas que no cabían en nuestro mundo, algo así fue como se crearon los otros mundos que luego visito.

–Una potencia mundial- me dije. Japón es hoy una potencia mundial porque aceptaron la nada.

Miré El Ocotito de febrero, hecho en computadoras viejas -algunas ni siquiera de Ideosphérica-, con

papel reciclado (seleccionado) pero con contenidos (intangibles) de

calidad. Ya había crecido tanto desde su nacimiento, hace tan poco.

Me supuse que ya no era necesario imprimir con ausencia de color, ya podíamos darnos otro lujo.

David, Enrique y Edgar podrían aceptar mi idea de imprimir en

color vino.

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